HONDURAS: UN FUNESTO PRECEDENTE PARA LA DEMOCRACIA.






En los últimos meses del año 2009 ha habido gran conmoción en la comunidad política internacional. La razón de ello se debe a lo ocurrido en la mañana del 28 de junio del 2009 en la capital hondureña. El golpe de estado proferido al Presidente Constitucional Manuel Zelaya, marcó el inicio del descrédito del derecho internacional, la regresión a los avances hasta el momento logrado en las democracias contemporáneas en Latinoamérica y por supuesto, el alejamiento de la consolidación del Estado Constitucional de Derecho en la incipiente democracia hondureña.
Antes del 28 de junio del 2009, resultaba difícil concebir la idea de que situaciones como estas pudiesen ocurrir nuevamente. Se creía, -por lo menos yo pensaba- que Latinoamérica había superado lo que en las décadas de los 60, 70 y 80 ocurrió en distintos lugares de la América continental y que constituyó en aquel momento unos de los principales flagelos para la consolidación del Estado Constitucional de Derecho y el establecimiento de la democracia como mejor régimen de gobierno para todos los pueblos. Por citar alguno de los casos recordemos lo ocurrido en Cuba en el 1959, en Republica Dominicana en el 1963, en Argentina en el 1976, en Chile a principio de década de los 80, entre otros países Latinoamericanos que al igual que Honduras fueron afectados por un golpe de estado.
Nunca, sin importar la época en que haya ocurrido, he justificado situaciones como estas. Sin embargo, he comprendido el porque de su ocurrencia. Antes de la década de los 90, la democracia no constituía una total realidad para los latinoamericanos, pues ésta no era el paradigma en torno al cual giraban nuestras administraciones gubernamentales. Era eso lo se pretendía en ese momento, la instauración de esta como régimen de gobierno. No fue hasta llegada la década de los 90, que los diversos organismos internacionales hasta ese momento recientemente creados, a saber: OEA, entre otros, pujaban por el establecimiento del paradigma democrático en los sistemas gubernamentales de Latinoamérica. Al parecer la democracia hasta los últimos meses era una realidad común en la región, sin embargo hoy ante un hecho funesto como este, la misma ha sido puesta en jaque.
Ha quedado demostrado, por lo menos eso opino, que el derecho internacional solo sirve para preparar y pronunciar discursos elocuentes en el marco de determinada cumbre o reunión internacional. La presión ejercida por la OEA, la cual para nada desmeritamos, así como todos los países Latinoamericanos, e inclusive del gran país del norte y de la comunidad europea, solo ha servido para la creación de titulares periodísticos y no para la aplicación de ninguna solución política eficiente ante lo delicado del caso hondureño. Los golpistas se han pasado por donde han querido el derecho internacional, el cual, por los menos así pensaba, servía para regular la vida de todos los ciudadanos del mundo.
Aquella fascinante teoría desarrollada por Montesquieu, que todos de manera directa e indirecta creo conocemos, o por lo menos hemos escuchado, de que el poder es uno, y que se divide en tres funciones, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, junto a todo el papel que soporta en físico las disposiciones del derecho internacional, han sido sumergidas en un inmenso acantilado de desperdicios.
La justificación dada por los funestos golpistas, enemigos de la democracia y conspiradores contra el Estado de Derecho, se basa en la aplicación de una decisión emitida por el único poder antidemocrático que existe, a saber el Judicial, pues este, como ya sabemos no es elegido por el pueblo. Algunas de las instituciones que se dicen llamar Republicanas de Honduras, y por supuesto enemigos abierto al ideal Liberal Zelayista, definen la acaecida sucesión presidencial como legitima. De donde surge y provoca preguntarse ¿Desde cuando es el poder judicial el llamado para ``tumbar`` presidentes? ¿Es este el verdadero objetivo y propósito de este estamento? Evidentemente, y como a palabra de Anselmo de Canterbury en su argumento ontológico se diría, hasta el más necio de los mentecatos sabe que no.
No es mi propósito martirizar al depuesto presidente Zelaya, no, no lo es, pues a pesar de todo tengo mis reserva para con sus actuaciones. Sin embargo, al margen de lo que este haya hecho, las consecuencias que debiesen derivarse de sus actos, no se corresponden con lo ocurrido, además de que el mecanismo adecuado e idóneo para su reproche no es el que fue empleado en el caso en cuestión.
El golpe de estado de Honduras posee gran vocación de complot. Este hecho demuestra el contubernio y la alevosa componenda de los sectores más conservadores de Honduras, los cuales desde el inicio del gobierno de Zelaya montaron una oposición destructiva, aviesa y a todas luces llena de odio al ideal liberal que sostiene el depuesto presidente.
Los golpistas han dejado claro, diría cristalino, que lo que se diga más allá de sus fronteras no es algo que a ellos realmente le importe. Es más, han demostrado que tener un premio Nobel de la paz, no implica que el proceso de gestión del conflicto provoque la desescalada del mismo. Todo lo contrario, no han valido premios, títulos, maestrías, doctorados, nada de eso ha servido para resolver esta situación. Han seguido adelante ``como caña pal ingenio``. Es tan delicado el asunto, que en su afán por intentar legitimar esta situación, han llamado a elecciones con el intento de apaciguar la opinión internacional. Unas elecciones, para mí sin ningún tipo de precedente legal, ilegitima por naturaleza, y parte importante de la ficción que estos apandillados y trogloditas golpistas quieren vender al mundo.
Un tal Porfirio Lobo, fue el ``afortunado`` ganador del proceso electoral. Este señor, quien en el 2005 fue el principal contrincante de Zelaya, donde resultó derrotado en un proceso electoral realmente legítimo, es hoy el encargado de dirigir por el próximo periodo presidencial los destinos de la nación hondureña. No obstante esto, no es el perfil e historial político de este lo hoy en día me importa, pues para mí, las grandes hazañas políticas que este tuviese registradas en su historial, al sol de hoy se ven realmente comprometidas, ensombrecida y puesta a duda. Creo firmemente, que al Sr. Lobo no le conviene aceptar este puesto, por el futuro de su carrera política tanto en el plano nacional como en el internacional,  pues soy fiel creyente de que lo que mal comienza, mal termina. Su elección al cargo, no es legítima, no es legal y como diría Gracián, no es prudente. Zelaya, gústele o no, es el presidente constitucional de Honduras, el y si solo él, y solo el pueblo hondureño tiene la facultad de tumbarlo, y es mediante el ejercicio voluntario del voto.
La comunidad internacional tiene que hacer algo, pues quedo altamente demostrado que el llamado a dialogo no sirve de nada, la conciliación y la mediación como elementos para la resolución alternativa de conflictos tampoco. Urge tomar medidas, pues lo que esta en juego no es un juego. El bienestar de Honduras, de la región, de Latinoamérica, del mundo, esta en peligro. Es delicado y de sumo riesgo para las demás democracias incipientes de la región, la impresión que precedentes como este pueden generar. Esto se ha salido de nuestras manos, y es deber de los organismos internacionales y de los países que conforman la comunidad internacional castigar con todo rigor esta situación. Evitemos un efecto domino. Nuestra estabilidad democrática, el Estado Constitucional de Derecho, y el bienestar político, social y económico están, sin temor a equívocos, gravemente comprometidos. Hay que ser feroces e impenitentes con la no aceptación de esta situación. Zelaya, es el presidente de Honduras, elegido por el pueblo y para el pueblo. No podemos darnos el lujo de lo que por un trayecto de alrededor de 200 años, a partir del discurso iluminista y la tesis sostenida en la revolución francesa, nos ha dado tanto trabajo establecer como nuestro paradigma. Entre tantos males cotidianos, no es prudente agregar otros. La anarquía, por los menos eso pienso, no tiene espacio en esta época. El dejar las cosas como están implica retrotraernos en el pasado por los menos 200 años. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Breve Revisión Historica sobre el Sistema de Trabajo Actual de la República Dominicana

Aunque no parezca, este País es nuestro.

FALSOS LÍDERES.