¿Qué es ser Progresista?
Por Bartolomé Pujals S.[1]
Desde
Camina RD, movimiento político por una vida digna, hemos hecho un llamado a la
unidad de los sectores progresistas del país, por considerar como dañino para
la sociedad dominicana la continuidad al mando del Estado del Partido de la
Liberación Dominicana. No cabe duda que la República Dominicana ha sido
postrada frente al futuro, atada de manos, amordazada y reducida al absurdo por
una clase política que nos ha conducido hacía el despropósito, a la sinrazón.
Nuestro
llamado consiste en crear una coalición auténticamente democrática y popular, y
así participar en las elecciones del 2016 articulada en torno a un programa
único de transformaciones políticas, económicas y sociales que marque la carta
de ruta para salir del atolladero dónde nos encontramos.
Pero,
el momento político en el que nos situamos es tan halagüeño como riesgoso. En
primer lugar, porque las amplias posibilidades que hay de que si la razón y la
inteligencia política concurren, existe la oportunidad de que demandas
históricamente insatisfechas puedan, por lo menos gradualmente, convertirse en
políticas públicas en un eventual nuevo gobierno; y segundo, porque de igual
manera, existe el peligro de que la puerta del reciclaje político e
institucional se abran, y con ello, se niegue y postergue nuevamente la
posibilidad de que las sentidas causas del pueblo dominicano no se incorporen
en la vorágine de la discusión pública.
Esto
invita a distinguir este esfuerzo de otros, pues dadas las condiciones
particulares de la época política en que vivimos, esos otros intentos, no
necesariamente actuales, poseen en sus alcances menor profundidad de aquello
que desde Camina RD aspiramos para la sociedad dominicana en temas
estructurales, los cuales consideramos innegociables e impostergables.
Ahora
bien, el llamado que hemos hecho tiene un destinatario concreto: los sectores
progresistas. Esto en sociedades meridianamente politizadas -y cuando decimos
politizadas nos referimos a donde hay mayor claridad entre los sectores que
antagonizan más allá del choque electoral-, no requeriría probablemente las
mismas explicaciones que en la nuestra.
Nuestro
país es un ejemplo claro de una sociedad profundamente embestida por la
ideología del pensamiento único; esa, que a partir de la construcción de un
nuevo sentido común, normalizó en el imaginario popular una sociedad cuyo
espectro político se encuentra desideologizado.
Esto
lo constatamos en cómo los términos de la discusión política de las últimas décadas
se han caracterizado por la imposición de una suerte de “buen saber”, que se
refleja en la determinación de un lenguaje políticamente correcto. Un lenguaje
que vindica con preeminencia ciertas ideas sobre otras, es decir de la
expresión concreta del pensamiento único como parte de un proceso de victoria o
supremacía de unos valores sobre otros. A partir de esta situación, se ha
creado un régimen que se erige invisibilizando dolores, causas, demandas
insatisfechas. Así, se nos presenta un espectro político re-significado sobre
la base de la no existencia de ideologías dialécticamente encontradas. El
producto final es un enlatado que expresa un supuesto proceso de evolución y
universalización axiológica en dónde en teoría las mayorías se encuentran aparentemente
representadas en un proyecto político único.
Esta
sociedad "post-ideológica" que
en apariencia no es ni de derechas ni de izquierdas, es en realidad un
interesante esfuerzo ideológico en dónde a partir de la dilución e
invisibilización de las contradicciones políticas y sociales, se normaliza y
normativiza ese proyecto político único de dudosa vocación universalista.
Es
esta en gran medida una de las principales causas de porque el orden
normativo-institucional que se vivifica en las instituciones de nuestro sistema
democrático es nulamente fecundo para incorporar y satisfacer las necesidades y
demandas de muchísima gente. Esa tiranía de valores, de ideas, de símbolos
termina necesariamente generando niveles de insatisfacción ciudadana por el simple
hecho de que el orden político, económico y social en donde esa ciudadanía vive,
fue hecho sin tomarla en cuenta. Es aquí cuando la fuerza de la realidad tiene
la capacidad de superar la ficción representada en ese proyecto particular que
pretende a partir de símbolos, discursos, modos y maneras perpetuarse en el
imaginario de la gente.
La
realidad que vive la mayoría de la gente interpela, a veces sin intención, ese
discurso, esos símbolos, esas ideas, esos valores; esto, por la incapacidad
teleológica de ser la real expresión de la voluntad de todos. El desequilibrio
democrático se convierte en una estadística pétrea en la cual se da cuenta de
que la mayoría de la gente sigue siendo pobre, de que la mayoría de gente sigue
teniendo pésima educación, pésima salud, pésima seguridad ciudadana, exiguas
oportunidades de empleo, con poquísima probabilidad de reales oportunidades
para alcanzar una vida digna. Como se ve, no existe ni puede existir proyecto
político único como se quiere presentar a partir del pensamiento único.
Habiendo
entonces una confusión tan amplia en donde todas las alianzas encuentran
justificación en el pragmatismo, en donde no se repara en los valores que
representan tus símbolos, tu historia, tu visión de la sociedad, es preciso,
como parte de ese proceso al cual aspiramos de construcción de una nueva
mayoría popular, aterrizar a nuestros días y a nuestra realidad concreta a que
nos referimos cuando decimos sectores progresistas.
A
la ideología se llega a través de la axiología. Es decir, las ideologías
representan una serie de valores en los cuales las personas pueden, en mayor o
menor medida, sentirse identificados. Cuando se habla de valores tales como la
libertad, la justicia social, la paz, la igualdad, la dignidad humana, entre
otros, son muchas más las personas que se sentirán identificadas que las que
no. Estos valores, por lo menos en principio, parecerían bastarse a sí mismos
para entender lo que cada uno pretende significar. Pero, evidentemente no se
trata de dejar la discusión en la parte abstracta, sino de trascenderla; ello,
puesto que no sirve de mucho de cara a la coyuntura histórica que vivimos.
Hacer esto, que es hacer lo mismo que se ha venido haciendo, es reproducir los
mismos términos de la discusión política en la forma concebida por los actores
dominantes, nos arrancaría el factor diferenciador frente a quienes adversamos,
dado que lo que suelen éstos hacer, es precisamente circunscribirse a un
discurso vacío que pronuncie esos valores habida cuenta del inexistente
correlato material de los mismos.
De
lo que se trata es de visibilizar, articular y concretizar en un discurso una
serie de valores que se han quedado fuera de la construcción de nuestra
malformada democracia. Valores que constituyen a su vez los diversos proyectos
de vida de la gente, diversas formas de ver y actuar dentro de la sociedad. La
exclusión de valores del sistema democrático es lo le ha impedido a la gente
desarrollar su proyecto individual a partir de un proyecto colectivo realmente
consensuado, por lo menos por la gran mayoría sin coacciones y presiones.
Ante
tanta dispersión ideológica, los sectores progresistas en una época como la
nuestra son aquellos que compartan mínimamente unos valores que se expresan
enunciativa de la siguiente manera:
·
Ser progresista implica asumir un compromiso con
recuperar y consolidar la capacidad rectora del Estado como regulador, promotor
y conductor económico y político del bien común. Por una administración pública
eficiente, centrada en resultados de bienestar común.
· Ser
progresista implica establecer los mecanismos que permitan y desarrollen las
capacidades personales y asociativas de trabajadores/as, artesanos/as, de empresarios/as
agropecuarios/as, agroindustrial e
industriales, intelectuales y académicos/as, servidores/as públicos y población
en general para su participación
autónoma y equitativa en la gestión de la economía, la política y la
cultura para el bien común de los/as dominicanos/as
· Ser
progresista implica un compromiso con recuperar la capacidad productiva de los
sectores productivos nacionales y el encadenamiento de los mercados Nacionales.
· Ser
progresista implica garantizar la Soberanía- Seguridad Alimentaria y
Nutricional de toda la Población Dominicana.
· Ser
progresista implica democratizar y reducir los costos del financiamiento para
las iniciativas empresariales de
producción y servicios para el mercado local y de exportación.
· Ser
progresista implica auditar y revisar de todos los contratos de Inversión
Extranjera y dominicana con el Estado
· Ser
progresista implica renegociar mejores condiciones de pago de los servicios de
todos los contratos de deuda pública nacional y extranjeras
· Ser
progresista implica establecer un sistema Fiscal progresivo, garantizando la
calidad del gasto orientado a resultados sociales de bien común
· Ser
progresista implica recuperar y acumular los bienes y el patrimonio de
propiedad Estatal y bienes comunes, como base importante de la soberanía y
riqueza colectiva de la nación
· Ser
progresista implica garantizar relaciones exteriores independiente y autónoma,
basadas en principios de solidaridad, cooperación y respecto a la
autodeterminación de los pueblos.
· Ser
progresista implica establecer un pacto eléctrico ceñido estrictamente a la ley
de electricidad para garantizar un sistema energético eficiente de propiedad
plural.
· Ser
progresista implica democratizar los sistemas de comunicación y de medios de
masivos y ponerlos al servicio de la gente
· Ser
progresista implica garantizar la Salud y la Seguridad Social como derecho
universal, gratuito y de calidad para todos los dominicanos/as
· Ser
progresista implica garantizar la conservación y reproducción de los bosques,
las aguas y los suelos y todo el ecosistema insular, como base de la
sostenibilidad de las isla
·
Ser progresista implica reconducir el Estado a
uno que busque y garantice una vida digna y el cumplimiento y desarrollo de los
derechos humanos y de la naturaleza.
El
programa que nos articule debe estar orientado a recuperar las bases
institucionales y promover la gestión participativa del Desarrollo sostenible para
una transición democrática de la economía, de la política y de la sociedad
dominicana. Estos
enunciados comprenden en sí parte de los valores en torno a los cuales los que
nos consideramos progresistas debemos construir el relato que vuelva a inspirar
a la gente para que vuelvan a creer en sus capacidades, en el verdadero
dominicano y dominicana que son y que pueden llegar a ser. La tarea es
compleja, pero lo difícil no implica que no deje de estar clara. Hay que
construir un discurso en donde la gente con escucharlo y pronunciarlo vea
reflejado sus problemas, sus anhelos y sobre todo la puerta para salir del
abismo de sus fracasos. Podemos construir esperanza y la vamos a construir.
Comentarios
Publicar un comentario
Déjame tu opinión.