La Vida Sigue
Busque desesperado esos versos pero al parecer ningún excelso los escribió como los busco. Algunos de los que encontré su obra era una resistencia abierta a versos de ese tipo. Se resistían a vislumbrar el alba del mañana sin ese trozo de si. No convenían con la idea de que uno llega a este mundo con piezas que en el camino se van perdiendo y que se sustituyen a medida de firmes pasos. Un anacronismo emocional sin sentido que lo ataban a situaciones que le sucedían a su llegada en este mundo. Su ferocidad frente al axioma de que la vida sigue era cada vez más violento, romántico, pero obcecado.
Otros erigían su obra como una gran cárcel de recuerdos. Cada verso, cada poema encerraba una historia, un momento vital, un trazo definitorio de existencia, una pizca de espíritu, de experiencia. Versos sutiles pero firmes, contorneados, portadores de una esperanza efímera que se desvanecía en el momento del exitus que provoca aquel que al declamar provoca vida y muerte de ese retrato emocional que se inocula en el alma. Su obra colecciona historias y las asume como un patrón de existencia, vivir para recordar y recordar para vivir. De alguna manera contrario a los otros era su forma de decir que la vida sigue.
Me obligaron hacer los que ellos no hicieron o lo que no pude encontrar. Afanoso por un verso de aliento, por una promesa codificada de un mejor mañana, me constriñeron a desangrar lo que busco. Ese verso anhelado, ese hálito, ese soplo de brisa fresca en el rostro, esa luz radiante que dilata las pupilas, esa frase efervescente que arranca un gemido, que eriza la dermis, que te hace sudar y que se confiesa con tu alma y te dice que a pesar de todo, la vida sigue.
Comentarios
Publicar un comentario
Déjame tu opinión.