¿Por qué Luchamos?
Desde el punto de vista del “héroe nacional” Delio Gómez Ochoa,
soy un joven político delincuente, al igual que miles más, que deberíamos estar
presos por el simple hecho de ejercer nuestro derecho a protestar. El señor
Gomez Ochoa hoy se expresa como la cofradía Trujillista hizo en su momento
contra los revolucionarios. Sin embargo, es sabido que este hombre senil, que
vive los últimos días de su vida, fue manipulado y llevado allí a decir lo que
de forma consciente nunca diría.
Ahora bien, al escuchar las desafortunadas palabras que
colocaron en boca de este señor, me veo en la necesidad de expresar -aunque es
harto sabido- la razón de nuestra protesta, el por qué de nuestra lucha.
No luchamos contra hombres. Luchamos contra un sistema y sus
consecuencias. Contra un sistema que ha creado los hombres que nos han fallado
y que hoy con justa razón detractamos.
Luchamos por cambiar un sistema donde la información deje de
ser una mercancía y sea un instrumento al servicio de los ciudadanos. Luchamos
contra un sistema donde un amplio sector dominante de la clase política ha
apostado a la pobreza espiritual de la gente para mantenerse. Luchamos contra
un sistema en donde la violencia la genera el Estado y donde la opulencia es una
aspiración y no un mal que erradicar.
Luchamos contra un sistema en donde la zozobra y la
intranquilidad son el ambiente que se respiran y donde ser feliz se ha
convertido en una utopía. Luchamos contra un sistema en donde la democracia
representativa se ha convertido en una amenaza para los ciudadanos. Donde decir
que se es político es causa de estigma social. Donde los regímenes de
consecuencias antes las malas conductas de los políticos son inexistentes.
Luchamos por cambiar un sistema en donde la costumbre sea que un
escándalo de corrupción e inmoralidad opaque a otro. Donde los medios de
comunicación vuelvan asumir su deber de informar y dejen atrás el propósito de enriquecerse
y manipular a los ciudadanos.
Luchamos por tener un sistema en donde la educación ya no sea
un lujo, sino un servicio público ampliamente garantizado. Donde la corrupción ya
no sea una herramienta para ascender política y socialmente. Donde se el valor
de las personas se determine por lo que uno es y no por lo que se tiene. Donde
el talento sea la carta de éxito y no el amiguísimo.
Luchamos por un sistema donde la línea del partido no esté por
encima del interés del pueblo. Donde existan mecanismos para lograr que los
representantes realmente representen.
Luchamos por un sistema donde las oportunidades no sean lujos y
la desigualdad e inequidad sea solo un amargo recuerdo. Donde concertar sea la regla
y la imposición cosa del pasado. Luchamos por un sistema donde exigir derechos no
sea motivo para considerarse como un acto delincuencial. Luchamos por un
sistema en que el liderazgo no se defina y sustente por el que más posee y más
das. Donde se idolatren las ideas y no a los hombres.
En fin luchamos por un sistema donde esta democracia vacía y
sin rumbo, se llene de contenido y fije su curso hacía un horizonte más
promisorio. Si lo que pensamos no lo convertimos en hechos y en acciones contribuimos
al despropósito de nuestros adversarios. Pretender cambiar sin hacer algo para
lograrlo, es un acto de hipocresía.
Ayer masivamente el pueblo se dirigió al Parque de la Lira a
presenciar el juicio popular contra Leonel Fernandez. Un juicio que además de
ser un acto de desmitificación y de estricta justicia, es una muestra de la
falta de confianza en nuestro sistema y de que luchamos contra el sistema y sus
consecuencias y no contra hombres.
En menos de un mes hemos construido esperanza, hemos construido
el camino que conduce hacia un mejor país. Este camino es largo, peligroso y
escabroso, pero el temor al futuro no puede paralizarnos y producirnos más
angustia.
Nuestro presente, ese que estamos cambiando, es insumo y
aliciente suficiente para seguir hacia adelante, para cambiar un sistema que ha
colapsado y que solo procurar el bienestar de aquellos que lo crearon. Luchamos
por ti, por mí, por todos.
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