La Defensa Peledeísta


El martes ocurrió lo que se esperaba. Hoy ocurrirá lo mismo. La reforma tributaria más lesiva, regresiva e ignominiosa de nuestra historia será aprobada sin mayores traumas por la cámara baja.

Decía Abraham Lincoln que: "La probabilidad de perder en la lucha no debe disuadirnos de apoyar una causa que creemos es justa." Y esto es algo que debemos tener presente durante cada día de la dura y cruenta jornada que nos espera a partir de este momento.

Sin embargo, el propósito de ésta entrega no es manifestar lo que todos ya sabemos. Y esto es que no tenemos nadie que nos represente verdaderamente. Que protestar y manifestarnos masivamente en contra de la reforma, no es causa suficiente para que los senadores y diputados encausen sus acciones por el camino que dictan nuestros intereses.

Mi objetivo más bien se centra en aquellos que  defienden lo imposible y lo injusto: la defensa de los peledeístas. La libertad de expresión nos da la oportunidad de manifestar libremente nuestras ideas y nuestros pensamientos. Nos permite, -como lo hicimos aquellos que marchamos, twitiamos y protestamos en contra de la reforma tributaria- expresar lo que sentimos, lo que pensamos, lo que queremos y lo que no, lo que creemos justo, en fin todo aquello que se cruce por nuestra mente y nuestro corazón. Ésta libertad que tenemos no es absoluta evidentemente, pues está sujeta a límites que rigen su forma de desarrollarse. La frase que dice: “el derecho de uno termina donde empieza el derecho del otro” define muy bien esto que decimos.

Ahora bien, esa libertad de expresarnos que tenemos no está exenta de los dominios del absurdo. Así como tenemos la posibilidad de emitir buenos juicios, así también tenemos la capacidad de decir estupideces dignas de preocupación que incluso desembocan en descalificación desarticuladas. Éste es el caso de aquel que vende su conciencia a intereses oscuros. Este es el caso de todo senador o diputado que tuvo la caradura de decirle a este pueblo, que votó a favor de la reforma tributaria para garantizar la estabilidad económica del país. Éste es el caso de la defensa peledeísta que se ha erigido en contra de todo aquel que con justa base sostiene que la administración pasada fue la más corrupta, inepta, indolente y despiadada de toda nuestra vida Republicana.

La defensa peledeísta se ha organizado en ese sentido. Descalificar de la forma más sucia y ruin a todo aquel ciudadano que ose referir que Leonel Fernandez y su pandilla hipotecaron el futuro de más de una generación, con un agujero fiscal de nada más y nada menos que de RD$187 mil millones de pesos.

Queda claro que todo el mundo tiene el legítimo derecho de defender lo que entienda. Pero las defensas en política, como en todo, deben ser sobre la base de lo posible y de lo justo; y esto es algo que ha brillado por su ausencia en la barra de la defensa del PLD. Ningún militante, ni los jorocones ni los compañeritos de la base, han podido explicarle a este país, porque la administración que nos gobernó por 8 años no es la responsable del déficit fiscal que motivó esta afrenta tributaria.

Pero ahí está el PLD que todos conocemos. El que elude el debate y huye despavorido. El reaccionario e intolerante antes las críticas. El indolente y abusivo. El que erige la mentira y la manipulación como discurso más efectivo. El que no reconoce sus faltas y ofrece una disculpa ante aquellos que representa y busca la concertación social para gobernar en consonancia con el latir del corazón de este pueblo. Ahí están sus senadores, sus diputados, sus representantes, ahí está el PLD.

Este pueblo aprendió algo en esta jornada de lucha: No tiene representantes. Por ello pensemos desde cómo podemos garantizar que nuestros representantes real y efectivamente nos representen, pues los RD$500 que les dieron a muchos el día de las elecciones para comprar cerveza, les ha provocado la resaca más larga de toda su vida y hoy se encuentran invalidados para poder reclamar.

La lección que obtendremos de ésta última etapa de nuestra historia social, económica y política se resume en una frase: "nunca más", mientras tanto: Toma paquetazo, paga lo que NO debes.


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