¿Erradicar o Construir?
En el año 1992 la Asamblea General de las Naciones Unidas, declaró el 17 de octubre como el día internacional para la erradicación de la
pobreza. Casualmente ayer se celebró
ese día y el mismo pasó sin pena ni gloria. Y cuando vemos esto, cabe
preguntarse: ¿Cómo va la República Dominicana en lo que se refiere al
cumplimiento de este primer objetivo del milenio el cual acordamos en el año
2000 junto a los demás países que son miembros de las Naciones Unidas, que
conseguiríamos para el año 2015?
A tres años de la meta vemos como a la pobreza en
vez de erradicarla, la hemos seguido construyendo en base a corrupción,
clientelismo político, irrespeto a la ley y sobre todo al común denominador que
ha imperado en los gobiernos que nos han dirigido en los últimos 15 años: la
indolencia.
Para el 2015 en
cuanto se refiere a erradicar la pobreza y el hambre, se supone que debemos
haber reducido a la mitad, la proporción de personas que entre 1990 y 2015 sufren
hambre. Igualmente reducir a la mitad tomando en consideración el mismo periodo
de tiempo, la proporción de personas cuyos ingresos son inferiores a un dólar
diario. Y por último conseguir pleno empleo productivo y trabajo digno para
todos, incluyendo mujeres y jóvenes.
Sin
embargo, conforme a datos revelados en el informe Attali y la propia
realidad que nos rodea, para el año 2015 nuestro país no podrá alcanzar la meta
contenida en los Objetivos del Desarrollo del Milenio de reducir la pobreza
extrema y el hambre, debido a que se considera que la política social que se ha
emprendido hasta el momento ha sido ineficiente e ineficaz y no nos ha
preparado para el futuro.
Ahora bien, cuando veo lo rezagado que estamos en
la lucha para erradicar la pobreza y el hambre, cabe hacerse la pregunta que se
hiciere la escritora española Concepción Arenal, cuando refirió: “¿Los pobres serían lo que son, si nosotros
fuéramos lo que debiéramos ser?” Evidentemente la respuesta a esta
interrogante es que sin lugar a dudas no hemos hecho lo que debíamos hacer para
que el país en que vivimos sea menos desigual. Y para muestra basta un botón.
Hace unos días mientras me encontraba en un
tribunal de la capital, me topé con un abogado amigo que hasta ese momento era
uno de los pocos santos que tengo en mi altar personal gracias a sus meritos.
Por alguna razón la conversación cayó en el tema de los fraudes bancarios y los
responsables de estos. Él me decía que esas personas debían dejarlos en paz,
pues no se sabe si mañana a uno le toca eso y puede entonces cobrarse con el
favor. Al escucharle le reproche enérgicamente la ligereza de su comentario y
le recordé como nos afectó y aun nos afecta la crisis bancaria y financiera más
grande del mundo en términos proporcionales. Su respuesta a todo esto fue una
pregunta. “¿Te has pasado el semáforo en
rojo, luego de las 12 AM?”. Le respondí con toda sinceridad: Si, así es,
varias veces, pero justificado en los tiempos de inseguridad en que vivimos y
los muchos casos de personas allegadas a mí que han sido despojadas de sus
vehículos con pistola en mano, esperando que cambie la luz roja.
Su reacción fue desproporcionada y hasta
absurda, pues me dijo: “Eres un infractor
de la ley, igual que todos los banqueros que están presos y precisas del mismo
tratamiento. Lo que hay que esperar es la oportunidad de poder estar dentro del
clan y beneficiarse todo cuanto se pueda”.
Ejemplos como estos, de gente instruida que
opina de esta manera son más y más frecuentes en este país. El que te quites
tú, para ponerme yo. La falta de voluntad e interés real de todos nosotros de
que se ataquen los problemas fundamentales que han causado que a tres años del
2015, podamos vaticinar que no habremos de cumplir con los objetivos del
milenio.
Marchamos sobre la senda del despropósito. En
vez de erradicar la pobreza, la construimos cada día. Permitir por ejemplo que
se imponga una reforma tributaria como la que se avecina, que busca encubrir el
desfalco y despilfarro de 187 mil millones de pesos de dinero del pueblo, de
los pobres y ricos, y la cual nos retrasara más en el cumplimiento de nuestra
meta, es contribuir a emancipar los dominios de la pobreza.
Depende de nosotros hacer que paguen los
culpables conocidos y por conocer del vertiginoso crecimiento de la pobreza y
de nuestro incumplimiento frente al mundo. El paradigma ha sido que la bonanza
de unos pocos vale más que el bienestar de muchos y esto hay que cambiarlo. El
principal obstáculo para la lucha contra la pobreza somos nosotros mismos.
Ahora les pregunto de nuevo: ¿La erradicamos o la seguimos construyendo?
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