Ahora le toca a los otros indolentes.
La reforma tributaria picó y se extendió. Parece ser
que la misma cumplirá su propósito oculto: Resguardar y encubrir a Leonel y sus
secuaces. Demostró que no es un pacto, pues no hubo concierto de voluntades.
Demostró que no es una reforma fiscal, pues solo se refirió a más impuestos,
pero no a la calidad y eficiencia en el gasto. Demostró ser un gran manto de
impunidad para los responsables del desastre fiscal y económico más grande
nuestra historia contemporánea. Demostró que lo que diga el PLD es palabra
santa y no hay Consejo Económico y Social que lo contradiga. Demostró que el
pueblo no sabe nada, pero el gobierno sí.
Sin embargo, esta reforma, que aún no es reforma, pues
recién ayer llegó al Congreso le falta todavía mucho por perturbar. El trago
amargo recién comienza. Si la decepción que nos produjere la “nueva
administración” no fuera suficiente, ahora le toca a los otros indolentes
decepcionarnos, les toca a los legisladores.
Esos legisladores que vimos hace poco más de 2 años
sumergidos en nuestros barrios, recorriendo nuestras calles, tomándose nuestros
café, sentados muy augustos en muchas humildes salas de todo el territorio
nacional hablando de propuestas y de porque debían ser elegidos, les toca su
turno al bate. Les toca decidir si la reforma, será reforma o si será otro
parche tributario más. Pero lamentablemente todos sabemos a qué van estos
legisladores. Comienza la temporada de subastas y de poner a funcionar el
mallete dictador que le sigue a la voz que dice: ¡Voten Honorables, Voten!
Desde el pasado 04 de octubre, fecha en la cual fue
presentada al CES la propuesta de reforma, he podido ver múltiples reuniones
entre los legisladores del PLD y la alta dirigencia de esa organización para
suministrar las instrucciones sobre lo que deberán hacer una vez tenga el
proyecto de reforma en sus manos.
Ahora bien, no he visto -y sé que no lo veré- un
llamado de ningún legislador oficialista a sus representados a que les
manifiesten su parecer sobre la reforma tributaria. No he visto ningún
legislador recorriendo las calles, ni los barrios, ni las comunidades de las
demarcaciones que le corresponden encarnar, recogiendo las impresiones de la
gente que se suponen representan, como cuando lo hacían cuando buscaban el
favor electoral de la sociedad.
Y eso es algo que no veremos y que demuestra a su vez
la crisis de representación que existe en nuestro país. Los mecanismos que se
supone tiene el pueblo para hacerse escuchar están al servicio de estructuras
que se encuentran divorciadas de la realidad y que están empecinadas en
consolidar el proyecto de Estado que le es útil sólo a una clase.
Los derechos son y valen lo que sus garantías; y en
este país la única garantía que tenemos es que no seremos escuchados, pues se
nos ha demostrado que cuando la clase política toma una decisión, solo ella la
detiene cuando ésta se da cuenta que la misma no le resultará favorable.
Esta reforma tributaria que será impuesta es una
muestra de los desvalidos que esta el pueblo en cuanto a garantía se refiere.
No tiene mecanismos de defensa, ni sistema inmunológico que lo proteja, pues a
través de la complicidad electoral derivada del clientelismo político lo ha
entregado sin darse cuenta.
La crisis de representación que nos afecta es culpa de
todos nosotros que hemos alimentado y aupado falsos y deshonestos
representantes. Tenemos la impostergable obligación de recuperar los mecanismos que nos eviten
situaciones como estas en el futuro y eso sólo lo haremos eligiendo nuevos y
verdaderos representantes. Aquellos que a pesar de su partido impidan abusos
como éstos. Ya está bueno de clamar en
el desierto.
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