Alrededor de las 11:00 de la mañana, de unos de los primeros días del mes de agosto del año 2004, recuerdo que a mi casa llegó, en ese entonces, un amigo muy cercano, con una evidente aura de emoción. La misma se debía a que éste acaba de salir de las oficinas administrativas de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), específicamente de la oficina de admisión de la misma, con las cartas que determinarían que tanto el suscrito como mi entonces amigo, habían sido aceptado en esa prestigios casa de estudios.
Mí entonces amigo de manera avivada, irrumpió en mi habitación con la intención de despertarme de mi profundo y merecido sueño, pues me encontraba gozando de las últimas vacaciones del colegio que tendría, además de que recién terminaba de las ultimas pruebas de secundaria exigidas tanto por el centro de estudio donde curse el bachillerato, así como por el ministerio de educación, que se encarga de la supervisión de este y de la aplicación de la ley nacional de educación.
Ese generoso corresponsal, ya conocía la respuesta de su solicitud y ha juzgar por las diversas expresiones de su rostro, al parecer le tocaría someterse por los próximos 4 años siguientes, al imperio de la universidad solicitada. Inmediatamente, mí entonces amigo, me alcanzó con premura el sobre que definiría en lo sucesivo múltiples cosas en mi vida personal, profesional y académica. En tanto mi amigo generaba dicha acción, de manera simultánea, sentimientos de duda, aflicción y alegría abordaron mi ser y ocuparon mi atención.
Sin darle mucho espacio a que estos sentimientos se desarrollasen, rompí el sobre que contenía la respuesta. Mis padres, fruto del alboroto provocado por mí entonces amigo, se percataron de la situación y ya se encontraban espectando aquel acontecimiento. Mi risa, provocó el suspiro de los allí presente, la razón de esta, había sido aceptado en la universidad.
A partir de ahí un mundo nuevo comenzó a entretejerse en mi cabeza; el paradigma había cambiado. Ya acababa la etapa de adolescente, y comenzaba la de adulto. Asumir responsabilidades, proponerme metas, lograr objetivos, vencer barreras, acariciar el éxito, esa sería algunas de las cosas que me tocaría por vivir por el resto de mi existencia.
Todo parecía un gran reto, y debo decir lo fue. 4 años pasaron, y en el transcurrir de ellos, virtudes se perfeccionaron, defectos aparecieron, otros se esfumaron para siempre. Sin embargo, puedo afirmar sin temor a equivocarme, que mi vida, y a decir de palabras de Darwin, evoluciono.
Hoy, luego de haber cerrado esa etapa, estoy a punto de cerrar otra. Hace alrededor de 1 año, comenzó una de las etapas más importante y gratificante de mi vida, ella es, el salir de mi país a realizar mis primeros estudios de especialización. Recuerdo la cantidad de aprestos que tuve que realizar para poder efectuar dicha empresa. No obstante, la cuantía de barreras y obstáculos, eso no fue óbice para la consecución de mi objetivo. En este momento heme aquí en la postrimería de dicho plan.
Ya casi termina esta experiencia, los placeres que trajo la misma, sus afanes también. Sin embargo, en momentos como este, me pregunto ¿que obtuve de ella? Y concluyó que de la misma obtuve muchas alegrías, también pesares, amigos nuevos y personas que entiendo no buscan una amistad, en fin, una serie de herramientas y elementos que se incorporaron en mí, y que un año después, sin jamás perder mi esencia, me hicieron mejor persona, mejor padre, mejor amigo, mejor hijo, mejor novio, mejor ciudadano, un mejor hijo de Dios. Hoy se cierra una etapa, y en su lugar se abre otra, de la cual, me permito decir y exhortar sacare lo mejor de ella, cumpliré mi objetivo y trataré cada día de ser mejor persona.
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