¿Cual democracia debería tener RD?

La necesidad de una nueva democracia se justifica en el hecho de que la democracia que se dice tenemos no superó el reto de imponer la voluntad de las mayorías frente a la amenaza, hoy realidad, de que grupos usurparan dicha voluntad, permitiendo generar un clima en donde se satisfacen intereses contrarios a los del pueblo.

La idea de democracia no puede quedar reducida al hecho de que fueron superadas las dictaduras y otros regímenes autoritarios que vivió nuestro país en las distintas épocas de nuestra historia Republicana. Resultaría inocuo sujetarlo a esta idea, pues de hacerlo estaríamos concibiendo la democracia solamente como un paso y no como un ideal que supone regirá no solo la forma organización del poder político y el modo de gobierno, sino que se extiende al modus vivendi de la gente.

Nuestro país quedo anclado en un periodo de transición histórica posterior a la dictadura en el cual pese a entenderse que con la caída de Trujillo la democracia ha había surgido, el segundo intento- luego de la malograda tentativa de Duarte - de creación del sujeto histórico encabezado por Bosch, también frustrado por el golpe de Estado recibido, dio al traste con un Estado cuya soberanía solo paso de unas manos a otras y no al real detentador de ese poder: el pueblo.

Pese a pregonarse de forma optimista que vivimos en una sociedad democrática por el hecho de que se verifica una alternancia, -no alternativa- en el poder con cierta periodicidad, nuestra sociedad sigue siendo profundamente injusta, con una desigualdad creciente y con un aparato institucional y jurídico creado y dirigido para el sostenimiento de un régimen político y económico que tiene como fundamento principal el mercado y la reproducción de prácticas totalitarias que perversamente se dicen fueron superadas.

La República Dominicana necesita una democracia que trascienda a la rutina partidista electoral que se produce cada cuatro años, en donde se reduce la “democracia” y el “comportamiento cívico” a la idea de ejercer el voto o no.

Tal como decía Hostos, la democracia sin pueblo, es solo una palabra retumbante, no una forma de gobierno, a lo cual agregamos: organizada y destinada a la eliminación de los obstáculos de orden económico y social que limiten la igualdad y la libertad de los dominicanos y se opongan al desarrollo de la personalidad humana y a la efectiva participación de todos en la organización política, económica y social del país.

Para tener una democracia verdadera, es necesaria la construcción del sujeto histórico (pueblo), en tanto se refiere a los más, a la mayoría, cuya razón educada y consciente de sus intereses materialicen una verdadera voluntad popular que permita que cada miembro pueda realizar su proyecto de vida individual en armonía con el proyecto de vida colectivo que todos de común acuerdo nos planteemos, en donde exista un desarrollo humano pleno y la felicidad para todos los que componen la sociedad.

Se trata de vivificar el contenido y sentido semántico del concepto de democracia, es decir que poder sea del pueblo y para el pueblo. Crear de la democracia un ideal de vida y una forma de vivirla, que constituya un concepto que permee nuestra conducta y nuestra actividad cotidiana, desmitificándola como concepto puramente formal y que hace refiere a una forma de organización orgánica.

La nueva y verdadera democracia debe recomponerse de las mutilaciones históricas que ha sufrido en donde la han vaciado de contenido con el propósito de satisfacer los malsanos intereses de minorías que se han erigido en clase dominante.

El ideal de democracia que necesita la República Dominicana debe tener como propósito acabar con un sistema en donde el capital deje de primar por encima de los seres humanos, en donde no existan distingos y categorizaciones entre los ciudadanos como de primera y segunda, en donde no se vulneren los limites que imponen la propia democracia en el sentido de que las personas que componen el pueblo tienen el mismo derecho a la libertad, el desarrollo pleno y la felicidad.

Un sistema en donde distribuya el poder entre los ciudadanos de modo que pueda satisfacer sus propósitos y se complemente la noción colapsada de democracia representativa que ha terminado enajenando la soberanía popular. Una democracia material, más allá de la formal, que a través de la amplia participación popular efectiva garantice una democracia deliberativa en las que sus decisiones sean las mejores y aquellas que son tomadas como consecuencia de la reflexión de la ciudadanía, particularmente de esa que constituye la mayoría y que por el tipo de democracia elitista y proyeccionista del sistema capitalista que tenemos, favorece a los que más tienen y no responde a las más sentidas necesidades del pueblo.

No habrá legitimidad democrática de los representados sin la construcción del pueblo como sujeto histórico, en donde sea este que encabece el establecimiento de un nuevo orden social, político y económico acorde con sus intereses y cuyo valor y fundamento principal sea la dignidad humana.

Esta nueva democracia debe ser el punto final a una sociedad fracasada que desde el vientre condena a sus hijos a la miseria, a la marginación y a la exclusión y que permite que estos nazcan humillados. Un ideal que bañen de dignidad a la gente, que reconozca el prístino valor de los seres humanos por el solo hecho de serlos y que sustituya el nocivo pensamiento de que el valor viene dado por lo que se tiene y no por lo que sé es.

Este nuevo sistema debe estar encauzado a corregir las desigualdades sociales existentes y evitar que otras se produzcan por el desbordamiento del anhelo egoísta y hedonista de algunos hombres de alcanzar la felicidad solo para ellos. Debe ser un ideal que cuente con la virtud de cuestionar lo establecido y que esté dispuesto permanentemente a reinventarse siempre en el sentido que apunten los designios de la mayoría.


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