Caudal de Pesares

Bendito sea el caudal de pesares ajenos que alimenta mi contemplación, humedece mi inspiración, morigera mi aflicción, confunde mi atención. De la espuma de tu vertiginoso afluente se despierta el sentimiento de que solo no estoy. Oportunismo o bondad me impelen a atenderte, a guiarte, o porque no sanarte.

Rebelde del rebaño del destino, de las costumbres, de las buenas maneras, del buen estar, pues el vacío que burbujea de tus adentros destiñe tu entorno, enmudece tu ambiente. Despierta estás en un mundo de soñolientos, de aletargados, guiados por placeres de pequeño burgués que dan sentido, razón, música a su existencia.

Reniegas de ello, con rigor, con pesar, con insurrección; pero, presa del estupor que produce la cotidianeidad, el confort de lo mecánico, de lo previsible, has adormecido ese espíritu versátil, vehemente, libre, vivo. Anhelas ser lo que nunca fuiste, lo que se te negó ser, lo que en realidad eres. Acodado con devoción te aprecio cual si fueras el germen de mi nuevo plectro. 

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