Y AHORA SE EL PORQUE DEL ÉXODO


A mediados del mes del noviembre del pasado año 2009 me propuse crear un espacio el cual me permitiera expresar mis más sinceras y profundas reflexiones. El sentido de esta iniciativa consistía y creo que aún consiste, en aportar a través de mis experiencias y conocimientos soluciones o ideas en por de soluciones para las cosas que veo, entiendo y creo están mal y como deberían ser mejor o intentar de que sean mejor, en atención a una pensamiento si se quiere pragmático, pero sin duda conceptualmente ideológico.

            La necesidad de abordar la temática tratada en el párrafo anterior, es con miras a justificar mi ausencia desde el pasado 31 de diciembre, día el cual mis manos se sintieron por ultima vez guiadas por mi cerebro en cumplimiento la misión que yo mismo me he trazado, es decir la de reflexionar y compartir mediante mis escritos dichas reflexiones con ustedes. Hoy, luego de haber suspendido mi labor y ya para mi un deber, por espacio de mes y medio, utilizo la crisis literaria que a la sazón me embarga y mi perenne miedo a escribir para poder así escribir.

            Decidí, desafortunadamente, escribir sobre mi retorno a Santo Domingo y sobre los consecuentes detalles de la reunión entre mi patria y yo. Y cuando digo desafortunada, no me refiero al hecho de regresar aquí, sino regresar en el estado en que esta este país. Pues a propósito de esa experiencia entendí el porque del éxodo. Y cuando digo el porque del éxodo, no me refiero al segundo libro del Pentateuco, sino a la emigración del pueblo dominicano a otros países en busca de mejores oportunidades, en busca de una mejor vida.

            Al llegar a mi país, luego de encontrarme 1 año fuera cumpliendo con asuntos de índole académico y profesional, diversas emociones me abordaron. La alegría por reencontrarme con mis seres queridos, mis amigos, y parte de la vida que aquí deje y aguardaba por mí, jugo un papel protagónico. Empero, esta alegría no pudo ser titular de todo mí ser y embargar en consecuencia todo mi corazón, toda vez que la tristeza y la decepción apostaron anterior a mi arribo y le ganaron terreno a la alegría que debió ocuparme en su totalidad. Fue ahí que entendí el porque del éxodo y que lamentable fue entender en carne propia dicho porque.

            Y es que hay múltiples razones para que esa tristeza que me toco padecer y que aún padezco, deslindara terreno a la alegría que se supone debió abordarme en su totalidad. La situación de este país no esta fácil y es esa la razón fundamental de mi malestar. Y lo peor es que este país, mi país, no apunta a mejorar, sino seguir el mismo sendero de putrefacción, corrupción y desdicha por el cual se encuentra pululando.

            El leer los periódicos diariamente mientras me encontraba en el exterior me permitía darme cuenta de ``todo cuanto acontecía``, así creía yo, sin embargo mi descenso al lugar de los hechos, el saborear las mieles de la realidad es pasmoso. Es realmente impactante ver como el narcotráfico, el lavado de dinero, la delincuencia hiperbólica, la aparatosa impunidad, la corrupción galopante y despiadada, la ultra expansión de la brecha entre clase, el desorden altisonante, y sobre todo la indiferencia ampulosa y enfática me hacer ver concretizado y escenificado el infierno dantesco. No quiero sonar exagerado, sino más bien darles una idea de como esta de descompuesto y fétido el ambiente social, político y económico de este país.

            Ahora entiendo el porque tanta gente emigra de este país, pues es mustio ver como el lugar donde naces te pisa y maltrata con inclemencia. Creo que no es tarde, y aún no somos un caso perdido, sin embargo, con clara vocación de serlo, y es de rigor poner manos a la obra, pues las cosas marchan por un sendero cada vez más escabroso. Tratemos de que mañana luego de las 12 de la noche podamos parar en el semáforo sin miedo a que alguien nos apunte a la cabeza, nos amenace con arrebatarnos la vida y luego se lleve nuestro vehiculo; tratemos de que nuestros hijos cuando salgan por nuestras puertas en vez de decirle cuídate en la calle, podamos decirle disfruta mucho; tratemos de que mañana sea posible vivir sin el pánico como nuestra principal herramienta; tratemos de que nuestros hijos tenga un mejor mañana. Nuestra generación quizás no goce de esos cambios, pero como me indico un estimado amigo, es determinante. Tratemos por lo menos tratemos.

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