La Oportunidad para Re-Significar el Orden Democrático.
No cabe
duda de que en nuestro país existe una crisis de las instituciones. Y decimos
instituciones en sentido normativo, no orgánico-institucional. Esta crisis se
refleja en la desconfianza en las diversas entidades que tradicionalmente
fungían como receptáculos de las expresiones y demandas democráticas. La
corrupción de lo político, en tanto se refiere a la distorsión de la función
esencial y su divorcio con su origen son, en esencia, caldo de cultivo de esta
situación.
Esa
falta de cauces en donde las expresiones y demandas democráticas fluyan,
configura las condiciones objetivas sobre las cuales es posible generar un
momento de ruptura con lo viejo y avanzar hacia la transformación de la sociedad
política. Ahora bien, esas condiciones objetivas no operan de forma espontanea,
sino que requieren de determinadas condiciones subjetivas que implican el nivel
de organización y conciencia política de las mayorías para capitalizar esas
condiciones objetivas que se presentan en el marco de una crisis orgánica en
donde el actor dominante pierde la hegemonía.
¿Qué
oportunidad tienen los sectores progresistas ante esta situación?
Principalmente la de convertirse en un significante que contenga las
expresiones, sentimientos y demandas democráticas que no se pueden canalizar en
el actual sistema. Pueden ser el significante de un nuevo sentido común a
través de la incorporación de elementos determinados que forman parte de la
discusión política, articularlos y construir nuevas interpretaciones que se
condigan con las necesidades y anhelos de la mayoría.
La
coyuntura, labor en la cual debemos concurrir en la medida en que tengamos la
capacidad de crearla, producen significantes que permiten re-significar la
sociedad. Esto implica primero renovar sincera y profundamente a los sectores
progresistas para que la labor de seducción y articulación se funde en el
elemento diferenciador respecto de la oferta política tradicional y con un
elemento adicional que lo constituye una acción política disruptiva.
La
indignación que se producen en los ciudadanos resulta inofensiva porque
fluctúan en el escenario político de forma aislada. El significante lo que hace
es articularlas y convertir esas voluntades dispersas en una voluntad
unificada, colectiva.
Los
sectores progresistas se convierten en un significante a través de la resucitación
de viejos significantes, expresado de forma concreta en la disputa por la
hegemonía, y la creación de nuevos significantes a partir de las estructuración
de expresiones y demandas democráticas de nuevo cuño producidos por la
globalización neoliberal.
Las
condiciones objetivas existentes aprovechadas de forma sustancial y estratégica
con condiciones subjetivas que deben construirse, puede arrojar la oportunidad
de generar un momento fundante en donde se quiebra relación de poder regente, a
través del avance vanguardista del significante que aglutina el sentimiento de
una nueva sociedad. El significante es fundamental en la construcción del
relato ideológico.
La
oportunidad de crear voluntad colectiva se evidencia con el incumplimiento
sistémico y estructural de las instituciones. Ante la imposibilidad de un
Estado que reabsorba los reclamos democráticos, se produce la posibilidad de
erigir una voluntad unificada en torno a la consecución y materialización de
esos reclamos.
De los
sectores progresistas asumir el reto de convertirse en un significante abrirá
entonces la puerta a la significación y con ello a la disputa de los términos
de la discusión. La apertura a la significación encontrará como resistencia la
exigencia de un respeto sacramental y anquilosado de la institucionalidad, como
forma de aniquilamiento de lo político. Esto así, pues el contra-argumento que
se opone a aquello que pretende re-significar el orden, se reduce al hecho de negar
que el Estado no resuelve los reclamos de las mayorías, y al negarlo,
invisibilizar el conflicto social, antagónico entre actor hegemónico y
subordinado. La labor de re-significación que tenemos por delante, será la
tarea política de discutir y determinar roles, derechos, sentidos conforme los
designios de las mayoría. Podemos hacerlo y lo haremos.
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